página principal             biblioteca online             libros             enlaces             lo nuevo             contáctanos             rss RSS
 

La Guadalupana: tres imágenes en una
Revista ProcesoRodrigo Vera

De acuerdo con un estudio inédito, elaborado por un experto en arqueomicrobiología, la imagen venerada de la Virgen de Guadalupe está formada en realidad por tres figuras superpuestas, la más antigua de las cuales fue pintada por Marcos Aquino en 1556.

 

San Antonio, Texas.- Bajo la imagen de la Guadalupana venerada hoy en el Tepeyac, anteriormente se pintaron otras dos figuras de la Virgen. La más antigua de ellas —con un Niño Dios en su regazo— está firmada por el pintor Marcos Aquino y fechada en 1556.

La segunda imagen, cuyo rostro presenta rasgos más indígenas que la actual, fue pintada en el siglo XVII, al igual que la Guadalupana moderna. Así, ésta se sobrepuso a las dos imágenes anteriores y probablemente la pintó el artista novohispano Juan de Arrue.

Lo anterior se desprende de un análisis que, en 1999, le realizó a la imagen el investigador Leoncio Garza-Valdés, un connotado experto en arqueomicrobiología de la Universidad de San Antonio, Texas.

El cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, así como las autoridades de la Basílica de Guadalupe, fueron quienes contrataron los servicios del especialista, reconocido internacionalmente por sus estudios del Santo Sudario de Turín, Italia.

En la amplia sala de su domicilio particular, decorada con óleos antiguos, Garza Valdés refiere:

En enero de 1999, me habló de México monseñor José Luis Guerrero, amigo mío, para preguntarme si me interesaba estudiar el lienzo de Nuestra Señora de Guadalupe. Yo, inmediatamente, le respondí que sí, puesto que, casualmente y por esos días, la editorial estadunidense Doubleday me había propuesto escribir sobre la Guadalupana.

—¿Y también habló usted con el cardenal Rivera Carrera?

—Así es. Primero le hablé por teléfono para pedirle su permiso oficial. Después me entrevisté personalmente con él, en su casa de la Ciudad de México. Ahí me recomendó el cardenal Rivera: ‘Doctor, quiero que reporte la verdad y solamente la verdad’. Y eso es lo que he hecho al pie de la letra.

Cuenta que realizó los estudios en dos sesiones de trabajo, las noches del 4 y 5 de febrero de 1999. Pero antes de hacerlos, sostuvo un encuentro con monseñor José Luis Guerrero, las autoridades del santuario y el Consejo de Investigadores Guadalupanos.

Esto es lo que tenemos, le dijeron al investigador. Y le pusieron sobre la mesa el estudio que, en 1982, le realizó a la imagen el perito en restauración José Sol Rosales.

En dicho documento, Sol Rosales demuestra que la actual imagen de la Virgen fue pintada por una mano humana. Detalla, incluso, su preparación, los materiales base de sus colores y los repintes que se hicieron a la figura (Proceso 1333)

Prosigue Garza-Valdés: Ese encuentro fue en la misma Basílica de Guadalupe, el 4 de febrero, día en que comencé el estudio. Recuerdo que, bajo juramento, quisieron imponerme el secreto absoluto de mis investigaciones. Por supuesto que me negué. Les dije que mis investigaciones eran precisamente para publicarlas en un libro, como ya lo había hecho con la sábana santa (Santo Sudario). Finalmente aceptaron mis condiciones.

—¿Por qué le solicitaron estudios a usted, si ya tenían los del maestro Sol Rosales?

—Anteriormente, yo había descubierto ciertas bacterias que producen plástico, sobre todo en superficies antiguas. Pensaron que el lienzo del Tepeyac pudiera tener este tipo de contaminación bacteriana, que le da cierta pátina a las superficies antiguas. Ésa fue la idea inicial de mi investigación.

—¿Y cómo descubrió luego las dos imágenes de la Guadalupana, pintadas bajo la actual?

— Déjeme serle honesto y recalcar que yo no andaba buscando eso. Yo buscaba la capa bioplástica de las bacterias. Nunca imaginé que fuera a encontrar dos imágenes escondidas bajo la actual. Fue un hallazgo inesperado, de chiripa. Hubieran excomulgado a quien antes se imaginara esto.

Pues bien, entré a la bóveda, donde en las noches se guarda la imagen, y empecé a fotografiarla. Utilicé cámaras con filtros especiales que sólo dejan pasar radiaciones electromagnéticas de entre 250 y 400 milimicras, que es el espectro del ultravioleta. Son filtros nuevos que acaban de salir.

Me regresé a Texas. Entregué mis películas al laboratorio de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Antonio. El revelado me lo entregaron el 10 de febrero. Al analizarlo me di cuenta de que, empalmadas una sobre otra, en el lienzo hay realmente tres pinturas, es decir, que bajo la imagen actual se esconden otras dos.

La Virgen de Marcos Aquino

El científico se inclina sobre la pequeña mesa de centro de la sala, y de una carpeta extrae una fotografía que muestra al reportero. Ahí sólo se alcanza a distinguir la fecha 1556. Y, abajo, dos iniciales: M. A.

Luego explica con orgullo:

Es la firma que encontré estampada en la imagen más antigua. Como ve, data de 1556. Y la firma Marcos Aquino, el pintor de quien ya se decía que había pintado la Guadalupana.

Se arrellana nuevamente en su sillón y, de cara al espeso jardín que reluce tras los ventanales, platica sobre las referencias que ya tenía de ese pintor:

La primera vez que supe de Marcos Aquino, o Marcos Cipac, como también se le conoce, fue en un libro del maestro Manuel Toussaint, Pintura colonial en México. Ahí, precisamente, se menciona que Aquino había pintado la imagen Guadalupana.

Aunque ya desde 1556, durante las investigaciones que mandó hacer Alonso de Montúfar, el segundo arzobispo de México, tres de los testigos afirmaban que la pintura la había hecho un indio y mencionaban a Marcos Aquino o Marcos Cipac. De manera que al descubrir esas iniciales no tuve duda de que eran las de él.

— ¿Y cómo es esa primera imagen de la Guadalupana pintada por Aquino?

— Es muy distinta a la actual. La Virgen no usa túnica sobre su cabello. Y, además, sobre su brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús desnudo. Pero también le salen los rayos solares tras su espalda, y bajo sus pies está la media luna sostenida por un angelito. Es una Inmaculada Concepción.

— El investigador asegura que esta imagen es una copia fiel de la Virgen que se encuentra en el coro del Monasterio de Nuestra Señora, en Extremadura, España.

— Esa Virgen del coro es de 1498. Está hecha en un altorrelieve en madera. Yo viajé a Extremadura para comprobarlo, explica.

—¿Cómo supo que Marcos Aquino copió esa Virgen de Extremadura y no otra?

— Bueno, hice un estudio iconográfico de varias imágenes semejantes a la Guadalupana. Pero, además, encontré documentos del siglo XVI que hablan sobre las similitudes entre las dos vírgenes. Claro, era cuando en México se exhibía la Guadalupana de Aquino, cuando aún no se la cubría con la segunda Virgen.

Aparte, una persona con quien trabajé muy estrechamente, el franciscano fray Domingo Guadalupe Díaz y Díaz, también me indicó que en esa Virgen de Extremadura se inspiró Aquino para pintar la Guadalupana.

Sobre Aquino, algunos historiadores señalan que fue un artista nahua formado en el colegio de San José de los Naturales, dirigido por fray Pedro de Gante. Y que pintó la Guadalupana a instancias del arzobispo Alonso de Montúfar.

A lo largo de su trayectoria profesional, Garza-Valdés ha conjugado las ciencias biológicas con la arqueología. Inicialmente estudió medicina y después hizo una maestría en antropología y arqueología. Más tarde se especializó en arqueometría, disciplina que utiliza diversos instrumentos científicos para investigaciones arqueológicas.

Es profesor e investigador de microbiología en la Universidad de San Antonio, Texas. Ahí inició una nueva disciplina científica: la arqueomicrobiología, que estudia los depósitos bacterianos en superficies arqueológicas.

Como producto de sus investigaciones del Manto de Turín, escribió su libro Huellas de la sangre de Cristo, traducido a varios idiomas. Y pronto publicará su investigación Tepeyac: cinco siglos de engaño a un pueblo noble, que justamente trata sobre los descubrimientos de las tres imágenes.

La segunda Virgen

Garza-Valdés explica que la Guadalupana pintada por Aquino fue posteriormente cubierta con una capa de pintura blanca, sobre la que se plasmó la segunda Virgen.

Y aporta algunos detalles sobre ésta: Tiene un rostro más indígena que la actual. Es de características más bizantinas. Y está desplazada 15 centímetros hacia la derecha de la Guadalupana que conocemos ahora. Por lo demás, ambas tienen una postura muy semejante.

El científico vuelve a tomar su carpeta con fotografías. Saca una en la que aparece el rostro de esta segunda Virgen, muy nítido. Efectivamente, sus rasgos son más indígenas y tiene los ojos más abiertos que la Guadalupana actual.

—¿Por qué salió tan clara la fotografía de esta segunda Virgen?

—Porque, a diferencia de la primera, los pigmentos que se usaron en esta pintura tienen una gran emisión de ultravioleta. Y el filtro que usé sólo deja pasar estas emisiones.

—¿Cuándo se pintó esta imagen y quién es su autor?

—Mire, en el Archivo General de la Nación me encontré con un documento, de 1625, en el que se testifica que se le pagó al artista Juan de Arrue por haber pintado la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Pero aquí surge una incógnita: ¿Se le pagó por haber pintado la imagen de la segunda Virgen, o por pintar la imagen de la Guadalupana actual? No se sabe. Una de las dos imágenes es, pues, de Juan de Arrue y fue pintada en 1625. Eso es lo único cierto. También puedo asegurar que ambas imágenes son de ese siglo.

—¿Y quién fue Juan de Arrue?

—Sé que fue hijo de una indígena y un español. Su padre fue un pintor-escultor que vino de Sevilla. Antes de llegar a la Nueva España, trabajaba en la catedral de Sevilla. Es todo lo que conozco de él.

—¿A la segunda imagen también se le cubrió con una capa de pintura blanca para después hacer la tercera?

—Efectivamente, así fue. Se le puso su aparejo. Y esto ya lo dice el maestro José Sol Rosales en su análisis. Al igual que él, yo también comprobé que el lienzo es de cáñamo, y no de ixtle, como anteriormente se creía. Al material se le llamaba cañamazo de España, y con él se hacían, en el siglo XVI, las velas de los bergantines.

—Sin embargo, Sol Rosales solamente detectó una imagen de la Guadalupana. No encontró las otras dos que usted dice que están debajo.

—Él no podía detectar otra Virgen más que la tercera. No pudo ver las otras dos porque no tenía los filtros adecuados, que apenas acaban de salir. No tenía filtros ni para infrarrojo ni para ultravioleta. Él lo que utilizó fue luz ultravioleta.

—El lienzo del Tepeyac mide 1.72 metros de altura. ¿No es muy largo como para ser la tilma de Juan Diego?

—De ser cierto eso de la tilma, Juan Diego hubiera sido un verdadero atlante de Tula, altísimo. Pero realmente Juan Diego no existió. Lo prueban las tres Vírgenes pintadas que encontré. Para qué insistir entonces en ese asunto.

Garza-Valdés revela que, durante su análisis, en la bóveda donde se guarda por las noches a la Guadalupana, lo acompañaron las siguientes personas: Antonio Macedo, entonces rector de la Basílica; monseñor José Luis Guerrero, consultor de la causa de canonización de Juan Diego; el nahuatlato Mario Rojas Sánchez; el doctor Gilberto Aguirre, de la Universidad de San Antonio; y el fotógrafo Lester Rosebrock, de la misma Universidad.

Aclara que no utilizaron ninguna iluminación especial ni quitaron el acrílico que protege la imagen:

La única iluminación que usamos fue la de la bóveda. Por las noches, la imagen de la Virgen se hace girar para que entre en esa especie de bóveda bancaria. Las fotos las tomamos con el acrílico puesto. En una segunda etapa de mi investigación, aún pendiente, analizaré la imagen ya sin el acrílico.

El experto agrega que ha mantenido al tanto de sus hallazgos al cardenal Rivera Carrera y a José Luis Guerrero, quienes, paradójicamente, son dos de los más fuertes promotores de la canonización del indígena.

Ellos han estado al tanto de cada uno de mis descubrimientos. Los he mantenido muy bien informados, dice.

—¿No ha tenido problemas con ellos, ya que ellos dicen creer en las apariciones de la Virgen?

—Indiscutiblemente que, a raíz de mis investigaciones, tomamos polos opuestos. Por eso monseñor Guerrero dice que él es mi amigo-enemigo. Yo lo aprecio mucho. Y hemos continuado con nuestra estrecha amistad. Viene a San Antonio a visitarme y seguido nos telefoneamos.

Mire, la mayoría de los aparicionistas son gente muy noble y muy honesta. Ellos dicen lo que creen, de modo que no están mintiendo. Pero, a lo largo de generaciones, han estado viviendo en el autoengaño. ¿Por qué? Pues porque eso de las apariciones de la Virgen es un engaño muy bonito, y a todos nos llena de orgullo y de emoción.

Yo creo que no hay ningún problema en seguir creyendo en una leyenda. ¡Ninguno! El problema surgió al querer canonizar a una persona que no existió. Todo hubiera ido muy bien si no se hubiera cometido ese error.

—¿Y cuándo continuará usted el análisis del lienzo del Tepeyac?

—El cardenal Rivera Carrera me indicó que, por lo pronto, no quiere que yo realice nuevos estudios. Me pidió continuarlos después de la canonización de Juan Diego.


Revista Proceso
Hemeroteca online: Pathway:
http://www.proceso.com.mx/proceso/hemeroteca_interior.html?aid=13334n19.rtf
Fecha: 25 de mayo de 2002
Por: Rodrigo Vera

CANONIZACION DE JUAN DIEGO  ----   INICIO


 

| inicio | - | sobre nosotros | - | lo nuevo | - | ¿qué es una secta? | - | índice general | - | artículos sobre sectas | - | libros |