Grave crisis en la Iglesia católica

Alberto Aziz Nassif

La última carta pastoral del Papa Benedicto XVI decepcionó, sobre todo porque fue una respuesta parcial y relativamente tibia a un tema que expresa una severa corrupción dentro de la Iglesia. Fue, como lo señaló el diario El País, “demasiado poco y demasiado tarde”. Sin duda, el destape del delito de pederastia y el encubrimiento que se le ha dado desde dentro de la Iglesia, han generado una grave crisis. Cuando los escándalos estallan es difícil hacer un control de daños de forma inmediata, salvo que se tomen medidas contundentes, pero ésta no parece ser la ruta actual.

Una de las primera consecuencias de la carta papal a la Iglesia en Irlanda ha sido la aceptación de la renuncia del obispo John Magee (73 años), que fue secretario particular de Juan Pablo II, por haber sido acusado de encubrir abusos sexuales en su diócesis. Los números de las investigaciones sobre pederastia en la Iglesia de Irlanda son brutales: se calcula, después de varios años de investigación, que hubo unos 35 mil niños abusados entre los años 50 y 80. En 2008 unas 26 diócesis irlandesas recibieron denuncias de pedofilia y sólo hay un incriminado (El País, 24/III/2010). El delito de abuso sexual dentro de la Iglesia irlandesa se considera como un mal endémico, es decir, sistemático, regular y con afectación a un sector de la población. La carta pastoral del Papa no menciona para nada a otros países en donde se han dado a conocer escándalos similares a los de Irlanda, como en Alemania, Austria, Holanda, Suiza, Italia, España, Estados Unidos.

En México es lamentable el nuevo destape de la siniestra biografía de Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, una de las organizaciones preferidas de Juan Pablo II, quien protegió a Maciel. Estos expedientes y denuncias por abuso sexual llegaron al Vaticano desde años atrás, incluso cuando Ratzinger era el encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero no se procedió. Maciel, al que se ha considerado como un pederasta recalcitrante, al final de sus días, un año antes de morir, sólo tuvo la pena de llevar una “vida reservada de oración y penitencia”.

La prensa en Alemania también ha documentado casos que vinculan directamente al Papa con el encubrimiento. El sacerdote pedófilo Peter Hullermann fue ocultado en Baviera, cuando Ratzinger era obispo de Munich en 1980, según informó The New York Times el 26 de marzo pasado. De la misma forma, el diario estadounidense reveló otro caso de encubrimiento al sacerdote Lawrence Murphy, quien supuestamente abusó de 200 niños sordos en Wisconsin durante 20 años (El País, 25/III/2010). Ante esta información el mismo Benedicto XVI reaccionó a la defensiva y afirmó que se trataba de “habladurías”. Ha llegado a tal grado el problema que ahora se ha decidido proteger al Papa; el propio cardenal Ángelo Sodano en la Misa de Resurrección señaló: “Su Santidad no está solo”. Algunas voces dentro de la Iglesia dicen que los abusos sexuales no sólo se cometen por curas. En eso tienen razón, pero el problema de la Iglesia es doblemente grave por tratarse de curas que supuestamente son guías morales en una comunidad. Por supuesto, que el problema del abuso a menores se extiende más allá de la Iglesia, por ejemplo según la UNICEF, 228 adolescentes son abusados cada hora en América Latina (EL UNIVERSAL, 21/III/2010). El escándalo de la pederastia ha vuelto a poner en la mesa de la discusión el tema del celibato. El teólogo Hans Kung escribió un interesante alegato en favor de abolirlo. Tesis por tesis refuta que el celibato no tenga nada que ver con el abuso sexual. Dice que el celibato no es la única razón, pero es “la expresión estructural más importante de una postura tensa de la Iglesia católica respecto a la sexualidad, que se refleja también en el tema de los anticonceptivos” (El País, 13/III/2010).

Mucho tiempo se tardó la Iglesia en admitir la gravedad de esta crisis. Algunas asociaciones que defienden a las víctimas de abuso por parte de curas en Irlanda, han interpretado que la postura papal lleva a que los delitos de pederastia sean tratados en los tribunales civiles, para lo cual la denuncia de las víctimas es fundamental. El papa Benedicto XVI, al poco tiempo de haber sido elegido en 2005, dijo: “Cuánta suciedad hay en la Iglesia” y ahora en 2010, frente a los abusos de pederastia, expresa “vergüenza y remordimiento”. No se sabe cuánto tardará la Iglesia en superar sus tesis anquilosadas sobre la sexualidad, su cultura del secretismo y la impunidad. Lo que es cierto es que esta crisis apenas empieza.

Investigador del CIESAS

 

El Universal
06 de abril de 2010