Legionarios: la otra farsa

Ricardo Alemán

Construyó la Legión con prácticas diabólicas. El escándalo alcanza hasta a Juan Pablo II

Acaso movidos por la reflección que obliga la temporada, no pocos de quienes durante décadas se negaron a reconocer “La Bestia” que ocultó Marcial Maciel, hoy se dicen aliviados de la conciencia porque en un gesto de suprema generosidad, los Legionarios de Cristo expresaron un mediático “mea culpa”, sobre los pecados de su fundador.

Aceptaron lo que siempre callaron, reconocieron lo que todos sabían y ofrecieron un perdón en el que nadie o muy pocos creen. Pero lo grave —y por ello paradigmático—, es que los abusos que cometió durante muchos años “La Bestia”, no eran una novedad para la jerarquía católica mexicana y de Roma, sino que las perversiones fueron y acaso siguen siendo una práctica reproducída en todo el mundo católico: Estados Unidos, Irlanda, Alemania, México, España...

El escándalo es tal ante lo apabullante de las evidencias —de que en México y Roma solaparon a pederastas y pedófilos hoy impunes—, que todo los indicios apuntan a la puerta del despacho papal. El mismísimo Benedicto XVI aparece como presunto encubridor de violadores de niños, en algunos casos de sordomudos. La repercusión es tan sonora, que hará saltar de su tumba a Juan Pablo II, el Papa polaco querido por millones, y que a la luz de las revelaciones no pudo ser ajeno al cisma que hoy sacude a la iglesia católica.

Algunos especialistas dicen que la crisis es tal, que se puede hablar, incluso, de una iglesia católica romana de antes de los escándalos y otra después de la crisis que desataron. Resulta claro que otros —casualmente los mismos que negaron los abusos de “La Bestia”—, sostienen que la milenaria institución ha resistido ese y otros terremotos, y que saldrá avante de este nuevo escándalo.

Y será el sereno, pero por lo pronto en el caso mexicano nadie o muy pocos creen en los hipócritas golpes de pecho de Los Legionarios de Cristo. ¿Por qué?. Elemental, porque todos los que hoy han salido a reconocer lo que era “La Bestía”, siempre lo supieron; siempre conocieron la verdad, pero siempre la callaron. ¿Por qué siempre guardaron silencio? Porque más que católicos, creyentes o practicantes, eran negociantes de la fe. Buena parte de los jerarcas, jefes y directivos de todas las empresas e instituciones de La Legión, son los mercaderes echados del templo hace más de dos mil años.

Aún así, abundan los que proponen “comprender” a Maciel, entender no sólo la doble moral, la vida de caleidoscopio con que engañó a católicos de todos los niveles, jerarquías y condiciones políticas y económicas, porque dicen que “fue el instrumento del altísimo” para la magna obra, como si frente a “la obra de la legión”, fuera menor el daño a uno sólo de los niños abusados. Y fueron cientos.

En efecto, la obra de La Legión es monumental. Pero toda esa obra se edificó sobre las piedras de lo que entre los católicos es el pecado. Son escandalosos los hechos contrarios a los deberes fundamentales de los cristianos. Es decir, “La bestia” vivió a partir del engaño, la corrupción, perversión y doble moral; sobre la triple vida, el chantaje y, según versiones nada descabelladas, complicidad con presuntos socios del crimen organizado.

Dicen los actuales jerarcas de Los Legionarios —en lo que parece una nueva farsa—, que piden perdón a los agraviados en todas las modalidades del engaño, “porque no se supo escuchar” en su momento ya que dudaba de la veracidad de las acusaciones denunciadas desde hace por lo menos dos décadas. La pregunta obliga. ¿De verdad creen que los ciudadanos son retrasados mentales, y que los católicos se chupan el dedo?

Más que “no saber escuchar” lo que ocurrió es que “no se quiso escuchar”. ¿Por qué? Porque para la iglesia católica mexicana, para El Vaticano, para importantes sectores empresariales, La Legión era una de las más importantes empresas y fuente de recursos económicos para los católicos mexicanos y del mundo, para Roma, en momentos de crisis económica. ¿De verdad no sabían lo que era “La Bestia”? Eso nadie lo cree, sobre todo luego de los votos de silencio a que los obligó “La Bestia”. Luego que era un secreto a voces que plagió sin vergüenza alguna el libro de cabecera; El Solitario de Mis Días.

Más bien parece que ante el escándalo mundial de los sacerdotes católicos abusadores, ante la nueva crisis que vive Roma y su pastor, de nueva cuenta Los Legionarios entraron al quite para salva la imagen de la institución apostólica. En realidad son muchos los indicios de que Los Legionarios actúan como “control de daños” de una crisis que vive Roma. Y con ese favor, volverán a alcanzar el perdón. Pero lo cierto es que la Iglesia católica mexicana, y la del mundo, no será la misma antes y después del escándalo de Maciel; antes y después de la crisis que vive Benedicto XVI.

 

EN EL CAMINO

Ahora en Durango, nueva masacre que se acredita a los narco. Existe alguna duda sobre el poder del crimen organizado.

 

El Universal
30 de marzo de 2010