Maciel, llave de Marta

Siempre es más profunda, a veces más dolorosa, la nostalgia que el recuerdo. Florestán

Joaquín López Dóriga

Para las 11 de la mañana del jueves 18 de octubre de 2001 estaba anunciado el encuentro oficial en la biblioteca privada del Papa entre Juan Pablo II y Vicente Fox.

El viaje había sido precedido por el forcejeo sobre la condición marital de los Fox, ambos divorciados y casados en segundas nupcias, lo que para el Vaticano es un asunto intransitable, y la negativa para que en la visita oficial Wojtyla los recibiera como matrimonio.

Le contaba ayer que en la víspera del encuentro oficial, la curia romana plantó a Marta vestida y realmente emocionada por reunirse con el Papa, a pesar de las resistencias.

Al mediodía de aquel mismo miércoles 17 de octubre, tras el desdén, Marta llamó por teléfono a Marcial Maciel para contarle el desaire y pedirle su intervención. Los Fox lo invitaron a un café a la mañana siguiente, el día de la visita oficial al Papa, en la suite presidencial del hotel en el que se hospedaban, cita a la que el fundador de los Legionarios de Cristo llegó puntual.

El superior de la Legión ya había operado tras la llamada de la víspera llevándoles buenas noticias: el Papa recibiría a Marta en privado después de su encuentro oficial con Fox, mientras éste se reunía con el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano.

Y así fue.

O al menos así lo informó Marta.

Lo digo, porque no hubo una foto, un pie de video, una línea de comunicado alguno que lo confirmara.

La verdad sólo la saben hoy la misma Marta y su jefe de seguridad, un oficial del Estado Mayor Presidencial.

Cuando aquel mediodía se lo pregunté, Marta sonrió enigmática, pero no negó la versión, dándome a entender, y luego confirmando que sí, que la había recibido Juan Pablo.

De cualquier manera, a la salida, esperó a Fox en la plaza Pío XII, al final de la Vía de la Conciliación. Detuvo su comitiva, lo hizo bajar del coche y con un beso frente a la Basílica de San Pedro, celebró su triunfo.

Luego le daría las gracias al padre Maciel, su operador.

 

Retales

1. MACIEL. La semana pasada, enojado, Ernesto Zedillo mandó decir que nunca conoció a Marcial Maciel, que nunca entró a Los Pinos y que no bautizó a su hija. Ahora, Liébano Sáenz, su todopoderoso secretario, reconoce que intervino para detener la información-denuncia que presentó Ciro Gómez Leyva en Canal 40, por el bien del país. ¿Del país?;

2. VILLANUEVA. Se pasa el gobernador Félix Canto de Quintana Roo al decir que la extradición de Mario Villanueva tiene tintes electorales. ¿Cree el sucesor que ese proceso puede modificar la intención de voto de un solo quintanarroense? ¡Por favor!; y

3. BASTIÓN. Este domingo el PRI recuperará ese bastión panista que fue Mérida, gobernado durante los últimos 20 años por el PAN. ¿Quién se equivocó?

Nos vemos mañana, pero en privado.

 

Milenio
12 de mayo de 2010