Así, mejor ni pedir perdón

En este mundo los santos son de mentira y los demonios de verdad.

Florestán

Joaquín López Dóriga

Finalmente, la alta jerarquía de la Iglesia católica mexicana habló de las víctimas de la pederastia no para descalificarlas, sino para mascullarles un perdón inaceptable e insuficiente.

Fue el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Víctor René Rodríguez Gómez, obispo auxiliar de Texcoco, el comisionado por ese alto colegiado para leer unas líneas sin emoción ni arrepentimiento, cuando tenía que haber sido el pleno y en voz de su dirigente, Carlos Aguiar Retes, el arzobispo de Tlalnepantla, el que, con sus hermanos, diera la cara que tantas veces escondieron.

Los obispos parten de que en el pasado se cometieron errores no actuando con prontituden los casos de pederastia, y yo digo que no pueden suavizar esa conducta cómplice como un error porque esa complicidad fue parte del crimen.

Añade que no nos opondremos, como se opusieron, a que las autoridades civiles intervengan y hagan cumplir la ley en estos y otros casos que se haya infringido.

Y el remate confirma que no saben la profundidad del problema en que se encuentran, que lo dudo, o sabiéndolo quieren repartir culpas para sacudirse las suyas.

Los problemas de pederastia —dice el Episcopado Mexicano— se deben a varios factores: la sociedad ha tendido a ser muy liberal en ética sexual y se ha promovido la no prohibición, sino la tolerancia a todo desorden; ahora vemos las consecuencias. Ha faltado verdaderamente más educación sexual desde las familias y las escuelas, sin reducirla a una mera información genital que a veces lleva a un libertinaje sexual.

De nuevo, incapaces de asumir culpa y responsabilidad en esas aberraciones a cargo de malos curas, buscan endosarlas a la sociedad.

Esta afirmación de los obispos mexicanos va en línea con la barbaridad declarada por el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, con una ligereza que retrata la gravedad de la crisis y una falta de rigor impropia de su investidura.

Dijo el número dos de la Santa Sede: Muchos sicólogos, muchos siquiatras, han demostrado (sic) que no hay relación entre celibato y pedofilia; pero muchos otros han demostrado, me han dicho recientemente, también, (sic) que hay relación entre homosexualidad y pedofilia. Esta es verdad. Muchos han... lean los documentos de los sicólogos. Entonces este es el problema. ¡Basta!, exclamó.

Fue tan primitivo el poderoso secretario Bertone que, en un hecho inusitado, la Santa Sede salió de algún modo a desmarcarse.

El Papa, en un acto de inteligencia y humildad reconoce y no avala ese diagnóstico mientras la alta jerarquía mexicana regatea perdones y culpas ante las atrocidades de algunos malos sacerdotes, mostrando la carencia de esas prendas: inteligencia y humildad.

Pero allá ellos.

Nos vemos mañana, pero en privado.

 

Milenio
15 de abril de 2010